Como
dijo el periodista de La Repubblica Eugenio
Scalfari, la entrevista es el germen del periodismo. Sin embargo,
tal y como afirma Juan Cruz, periodista de El País, en
el género de la entrevista poco se puede innovar. Para ello,
nos remite a la obra editada por Chirstopher Sylvester Las
grandes entrevistas de la historia (publicada por El
País) donde se nos muestran muchos de los encuentros más
interesantes y relevantes de la historia entre periodistas y
celebridades políticas, literarias, artísticas, etc.
Entre ellas se destaca la entrevista que realizó el escritor
Rudyard Kipling (El libro de la selva) a su colega de
profesión e ídolo Mark Twain (Las aventuras de
Huckleberry Finn, Las aventuras de Tom Sawyer).
Entre
este repertorio de entrevistas podemos distinguir varios tipos: la
entrevista agresiva, la literaria, la sosegada, la filosófica...
Lo que es fácil de observar es que cada periodista tiene su
estilo particular de encarar estas citas pero absolutamente todos
llevan preparada de antemano una batería de preguntas para
plantear a los entrevistados. Estas cuestiones irán saliendo
en función de cómo se desarrolle la conversación.
Si el personaje en cuestión pronuncia unas respuestas
interesantes pueden surgir a partir de ellas otras preguntas no
planificadas. Es lo que se llama un cuestionario abierto.
Pero
básicamente, cualquier entrevista consta de unas partes
canónicas que no se suelen omitir: la entradilla, el retrato
del personaje, el plano de la situación y los altibajos que
va atravesando hasta su conclusión. Estos altibajos dan lugar
a que haya partes de la entrevista más relevantes y, en
contraste, otras más aburridas. Las preguntas planteadas a lo
largo del encuentro han de ser sencillas y directas y el
entrevistador debe situarse en una posición equiparada a la
de la masa (el público que leerá, verá u oirá
la conversación). Esta situación del periodista se
crea para enmarcarse en un estado de ignorancia con respecto al tema
principal que se trata. Según la experta periodista Rosa
Montero o el propio Sylvester, el entrevistado sabrá más
de este tema que el entrevistador y, por consiguiente, más
que la mayoría del público. Por ello, esta posición
garantiza la comprensión de un tema complicado a través
del personaje para transmitir una verdad al receptor. En resumen, el
periodista debe ampliar su grado de ignorancia y no sentirse
superior al entrevistado para que saquemos algo en limpio de la
conversación.
Como se ha recalcado antes, uno de los
encuentros recogidos en la obra de Sylvester que más valora
Juan Cruz y que da título a su artículo es el de
Kipling con Twain en 1889 (publicado por la revista From Sea
to Sea). En ella, Kipling se comporta como un seguidor acérrimo
de Twain al que ensalza como un ser superior ante su papel de
entrevistador ignorante. Kipling detalla cada uno de sus rasgos y
movimientos desde un prisma que roza casi la idolatría. Pero
en el que se detiene principalmente es en su ansiada pipa. Kipling
se contuvo para no pedirle la pipa a su entrevistado con el fin de,
según él, absorber su alma o su talento. Esta parte de
construcción del retrato de Twain es la que interesa
realmente a Cruz por encima incluso de las posteriores preguntas. Lo
importante es cómo el entrevistador desveló un potente
deseo de unir su alma con la de Twain para lograr una entrevista
excelente. Esa es la esencia del buen periodista.
Ejemplos de
entrevistas:
Entrevista a José Luis
Sampedro
https://www.youtube.com/watch?v=vbajLrhdNHo
Entrevista
de Gabriel Garcia Márquez a
Neruda
https://www.youtube.com/watch?v=1520QZIclmI
Entrevista
a Ana María
Matute
https://www.youtube.com/watch?v=boUr9HXYfpE
https://www.youtube.com/watch?v=yEXAXRh1Ccs
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